Esta semana hemos visto una noticia de lo más curiosa en Internet, suicidios en Facebook. Pero no nos referimos a coger una catana y colgar en nuestro perfil vídeos y fotos de nuestra muerte. Hablamos de como desaparecer de las redes sociales, per secula- seculorum. Una empresa ha percibido esa demanda social de acabar con el perfil en Facebook. Esta empresa, con el nombre Seppukko (suicidio en japonés) en vez de trabajar para conseguir explicar la manera de desaparecer de Facebook, ha inventado una manera mucho más divertida de acabar con tu identidad digital.
Introduces tus datos (usuario y contraseña); después, eliges el aspecto de tu página de despedida, con las imágenes y frases que deseas dejar como obituario, y estas serán enviadas a tus contactos seleccionados. Poco después, desactivará la cuenta y creará una página en recuerdo del finado (en la que parece que estás delante de la lápida). Esas páginas se almacenan en una especie de cementerio virtual, donde se pueden visitar las “tumbas” de los inmolados y dejar mensajes y condolencias. De todos modos, puedes volver a “resucitar” tantas veces como quieras.
Y después de esto surge la pregunta, ¿se puede desaparecer definitivamente de Facebook?. Pues como si fuera un misterio metafísico, por ahora no se conoce a nadie que lo haya conseguido. Investigadores, expertos en la materia, cuando creen que ya no tienen identidad digital en la red social, les empiezan a llegar invitaciones a grupos, eventos, etc. Facebook desactiva la cuenta, pero el perfil de la persona se queda en la base de datos. Podríamos decir que nos encontramos “en un limbo”, del que podemos salir en cualquier momento si nos arrepentimos de nuestra decisión. La parábola del hijo pródigo ya tiene su versión 2.0.